Acerca de mi

Soy Javier Ferrer González.

Actualmente trabajo como desarrollador web backend en Uvinum, estoy finalizando el Grado en Ingeniería Informática en la FIB-UPC y doy clases en el Máster de Programación Web de Alto Rendimiento de LaSalle BCN.

En este blog encontrarás posts sobre internet, programación y reflexiones variadas.

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Gestión de límites, constancia… y vivir

El otro día leía el artículo “Sometimes, it’s just time to go home” escrito por el fundador de Dwolla. En él, habla de cómo gestionar los límites en lo profesional y me pareció brutal, así que voy a intentar destacar los puntos que me parecen más claves y complementarlo con algunos conceptos.

“Ahora no les puedo fallar”

Básicamente, el buen hombre narra cómo han ido consiguiendo grandes logros profesionales con la startup (acuerdos con terceros, nuevas versiones, etc), y cómo esto le ha ido absorbiendo hacia una espiral centrada en un sentimiento de “ahora no les puedo fallar” con respecto al resto de personas del ámbito profesional que provocaría dejar de lado el ámbito puramente personal.

Hay varios puntos en los que se centra en ese sentimiento y destaca que es algo auto-impuesto. Lo llega a rebajar al nivel de falacia tratándolo de una mentira que intentamos creernos con el fin de priorizar ese foco en lo profesional frente a la vida personal y no sentirnos culpables con nosotros mismos, pues bajo esa falacia, estamos haciendo lo correcto y lo que toca.

Foto realizada en Årsta Skog, Suécia.

Foto realizada en Årsta Skog, Suécia.

Buscar el silencio y la liberación de pensamiento

Cito una frase concreta que me parece que destila la esencia de la sensación de estar en esa espiral que comentaba antes:

I can’t take or make personal calls because I’m rarely alone and when I am, I seek one thing… Silence…

La búsqueda de frenar, de parar nuestra cabeza y oxigenarla. Parece una tontería, pero personalmente, hace tiempo que intento forzarme a tener esos momentos en forma de:

  • Hacer deporte. Ni que sea salir a correr esporádicamente.
  • Ver series.
  • Ducha y café sin prisas.
  • Escribir post como este 🙂

Si intentamos agrupar esto en base al mínimo común, se reduce a dos posibles factores:

  • No hay un flujo de información entrante (concepto “sobre-información”).
  • Tienes que estar concentrado en eso y sólo en eso.

Justamente en este último factor es donde creo que radica uno de los motivos por los que me apasiona la programación: Tienes que estar “enchufado”, con el flujo de ejecución y los posibles casos extremos en tu cabeza.

Considero que esa búsqueda de “silencio” es crucial ya que, es en esos momentos en los que nos encontramos más dispuestos a poder tener una especie de liberación de pensamiento.
Y digo liberación con toda la intención, ya que aporta las connotaciones adecuadas desde el momento en el que somos nosotros los que decidimos hacia dónde dirigimos el posible esfuerzo de pensamiento en ese momento. No estamos ante un profesor, una tarea del trabajo o un simple muro de Facebook que acabe direccionando hacia dónde va esa capacidad de pensamiento.

Gestión de límites

El riesgo de haber tenido muros psicológicos (por ejemplo: “no voy a matricularme en la universidad, no vale la pena perder el tiempo intentándolo porque no pasaré ni la fase selectiva”) y luego acabar derribándolos, considero que no hace más que generar un sentimiento, a priori positivo e inofensivo, de aprender a creer en nosotros, valorarnos más de lo que inicialmente pensamos y crecernos ante esas posibles limitaciones virtuales o adversidades que luego se desvanecen.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando esas limitaciones son reales y estamos rozando lo que realmente podemos asumir?

Algo del artículo en lo que también coincido es que, a diferencia de la falacia del “ahora no les puedo fallar” auto-impuesta, lo que sí se espera de nosotros es conocer nuestras limitaciones y saber gestionarlas.

Con lo cuál, llego a la conclusión que resulta muy difícil saber determinar cuándo estamos ante un muro psicológico, que no tiene razón de ser y contra el que podemos enfrentarnos ya que es humo, y cuándo estamos ante una situación límite que debemos gestionar de otra forma.

Seguramente aquí entren en juego las teorías del “saber decir no” y demás aspectos, pero en cualquier caso, me parece indiscutible que saber separar estos dos tipos de límites no es nada trivial.

La Espiral no tiene en cuenta el nivel de responsabilidad

Llegados a este punto del análisis, me lo llevo a un terreno un poco más personal a través de esta cita con la que sí discrepo:

We forget sometimes that this is a fair reason to want to go home and as founders… We constantly justify getting on that flight even we’re running on empty.

Discrepo debido a que introduce la relación entre el hecho de plantearse salir de La Espiral y el cargo o nivel de responsabilidad que se tenga en un determinado escenario.

El introducir este matiz, que podríamos estar de acuerdo en que es muy sutil, hace que podamos llegar a inferir que, en caso de no ocupar un cargo de máxima responsabilidad, no esté justificado el hacer un replanteamiento para salir de La Espiral.

Personalmente considero que no hace falta que seas el fundador de una startup de éxito (como es el caso del autor del artículo), para verte en una situación similar y darte cuenta de ello.

Esto, podría llegar a ser aún más frustrante, ya que es cierto que cuando hacemos las cosas bien, nos esforzamos y somos constantes, no lo hacemos con el fin de obtener una recompensa pública en la prensa a nivel mundial; pero a nadie le amarga una zanahoria de vez en cuando.

Y cuando los procesos que requieren ese nivel de esfuerzo son tan sostenidos en el tiempo, como lo podría ser el sacarse una carrera universitaria compaginándolo con el trabajo, puede que tengamos que armarnos de paciencia ya que vamos a tener que subsistir a base de zanahorias muy pequeñas hasta poder acabar todo el proceso.

Personalmente, la universidad a día de hoy es algo que me quema en las manos. Sé que es algo que me tengo que quitar de encima cuanto antes, pero no lo puedo dejar (el por qué da para otro post).

No obstante, me gustaría cerrar este apartado con uno de estos proverbios que he tratado de recordar y ya no sé si lo encontré por ahí, lo he ido moldeando a mi parecer, o qué:

No dejes que el esfuerzo de subir la montaña día tras día no te permita disfrutar de ser consciente de la altura alcanzada hasta el momento.

Conclusión: Hacer las cosas bien es droga

Esos pequeños logros que conseguimos, no dejan de ser una razón por la que seguir esforzándonos al nivel al que lo estamos haciendo.

Basándonos en la premisa anterior, es muy difícil saber parar, es esa droga que tienen las cosas que salen bien. Esa sensación de saber que has trabajado como un cabrón y, por fin, de una forma u otra, sabes que ha merecido la pena.

No pretendía llegar a ninguna conclusión en concreto con este post más allá del razonar sobre estas cosas, y repasando el artículo, me doy cuenta de que voy lanzando mensajes contradictorios, así que lo cerraré con una última cita:

Me gusta mucho tener ideas contradictorias, porque así, aunque siempre meta la pata, siempre tengo razón. -Roberto Iniesta

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1 Comentario

  1. […] las mañanas personalmente me cuesta arrancar, y como decía en el post sobre gestión de límites personales, hay ciertos “rituales” que pase lo que pase me gusta mantener. Con lo que ya asumo […]

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